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Diccionario bíblico adventista |
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(heb. Rûaj Qôdesh; gr. Pnéuma Háguios [Lc. 11:13; Ef. 1:13; 4:30; 1 Ts. 4:8]; a menudo la palabra pnéuma se usa sin el adjetivo háguios, pero el contexto con frecuencia indica que se habla del Espíritu Santo [Ro. 8:26; 1 Co. 2:10; 12:4]). Tercera persona de la Deidad (Mt. 28:19). Las acciones del Espíritu de Dios son evidentes a través de toda la historia sagrada. Cuando el hombre se volvió insufriblemente impío, Dios dijo: "No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre" (Gn. 6:3). Se informa que sobre varios hombres "el Espíritu de Dios vino sobre él" (1 S. 11:6; 19:23; Mr. 12:36; 2 Cr. 15:1; 20:14; etc.). El salmista reconoció la importancia del Espíritu de Dios en la experiencia espiritual (Sal. 51:11); también afirmó su omnipresencia (Sal. 139:7-12). Joel profetizó que el Espíritu de Dios sería derramado sobre toda carne (Jl. 2:28, 29), una promesa que citó Pedro cuando el Espíritu Santo fue derramado el día del Pentecostés (Hch. 2:17-21). En general, los escritores del AT comprendieron que el Espíritu de Dios es una fuerza vitalizadora, sustentadora, estimuladora y capacitadora, identificada con Dios. Sin embargo, no es hasta los tiempos del NT cuando se observa un cuadro más claro de la obra y la personalidad del Espíritu Santo. Cristo enseñó a sus discípulos que el Espíritu Santo les enseñaría y les ayudaría a recordar las cosas que les había dicho (Jn. 14:26), testificaría de él y lo glorificaría (15:26; 16:14), convencería a los hombres de pecado y de su necesidad de justicia (16:8), y los guiaría a toda la verdad (v 13). Pablo reveló que el Espíritu intercede por nosotros (Ro. 8:26), mora en nosotros (v 9), nos capacita con diversos dones espirituales (1 Co. 12:4, 8-11, 28; Ef. 4:11) y produce frutos en la vida de los cristianos (Gá. 5:22, 23). Habló del cuerpo como del templo del Espíritu Santo (1 Co. 6:19), y advirtió contra contristar al Espíritu Santo con el cual estamos sellados para el día de la redención (Ef. 4:30). Existió y existe mucha especulación con respecto a la naturaleza del Espíritu Santo, pero la revelación ha mantenido bastante silencio sobre el tema. Queda implícita su personalidad, porque se lo presenta realizando actos como los de una persona: escudriña, conoce, intercede, ayuda, guía, convence. Puede ser entristecido, y se te puede mentir y resistir. Se lo enumera con las otras personas: Dios el Padre y Jesucristo el Hijo, de tal modo que queda implícito que él también es una persona. Pero con respecto a su naturaleza esencial, el silencio es oro. El Espíritu Santo tuvo una parte, misteriosa para nosotros, en la concepción de Jesús (Mt. 1:18, 20). Elisabet (Lc. 1:41), Zacarías (v 67) y Simeón (2:25, 26) actuaron bajo la influencia del Espíritu Santo. El Espíritu descendió con la forma de una paloma sobre Jesús en ocasión de su bautismo (Mr. 1:10), y el mismo Espíritu lo condujo al desierto de la tentación (v 12). Se dice que Jesús fue "lleno del Espíritu Santo" (Lc. 4:1), y Juan el Bautista predijo que sería bautizado con el Espíritu Santo (Mt. 3:11). Jesús advirtió a los dirigentes judíos del peligro de blasfemar contra el Espíritu Santo (Mt. 12:32; Mr. 3:29; Lc. 12:10). Durante su última noche con sus discípulos, Jesús prometió que "otro Consolador" estaría con sus seguidores para siempre (Jn. 14:16). El término par, ákl'tos, traducido "Consolador", significa literalmente "llamado para estar junto a". El Espíritu Santo prometido debía continuar con las funciones de Jesús en todo el mundo a través de los siglos. El cumplimiento de la promesa que hizo Jesús acerca del Espíritu Santo comenzó a ocurrir poco después de su ascensión, como lo revela el libro de Hechos. El libro se abre con las instrucciones de Jesús a sus discípulos de testificar por él en todo el mundo después del descenso del Espíritu Santo sobre ellos (Hch. 1:8; cf Mt. 3:11), lo que sucedió en el Pentecostés y produjo muchas conversiones (cp 2). Siete diáconos "llenos del Espíritu Santo" (6:3) fueron escogidos para cuidar de ciertos intereses de la iglesia naciente. Uno de ellos, Esteban, fue usado por el Espíritu para hacer una obra poderosa (v 8). Bernabé fue lleno del Espíritu Santo (11:24).
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